
En el municipio de Huásabas, Sonora
Por E. Yescas.
artículo publicado en la revista SonoraEs.. num 67 (Octubre de 2009)
Fotos: Sergio Quiroz, Betel Montes y E. Yescas.
Allá en el Este de Sonora, en lo que realmente es la puerta de la Sierra Alta hay una cuesta que asciende más de 500 metros en 18 kilómetros de serpenteante carretera. Esta subida deja atrás el valle del río Bavispe y los pueblos de Huásabas y Granados para llegar en su primera parada a un mirador que nos deja ver los pueblos en el llano verde y al mismo tiempo las impresionantes paredes de una grieta vertical que se precipita entre roca basáltica dejando ver la boca de un cañón que se antoja inexplorable.


Este cañón, que algunos cuentistas aseguran se abrió cuando sucedió el terremoto de Bavispe, sirve hoy para desalojar parte del agua que esa gran montaña recibe durante las lluvias y forma un canal que viene desde unos cuatro kilómetros más al Este, bajando agua entre caídas que alcanzan los 30 metros en el interior de un cajón con tinajas en la piedra que conservan el agua durante gran parte del año. Estos maravillosos cuadros y espectaculares ambientes no pueden ser vistos desde afuera, ni del mirador, ni de las orillas del cañón que se pierde entre mezquitales y las sinuosas curvas de la carretera que nos lleva de ahí hacia El Coyote y más allá a otros pueblos de la sierra.
Precisamente tomando esta carretera hasta la puerta del rancho El Saucito, se puede llegar en plan de explorador al interior del cañón tan intacto como virgen en sus microambientes y ecosistemas. Más que una aventura, este lugar es un espacio de meditación y respeto por la naturaleza, más que un paseo, es una expedición científica que sólo puede hacerse por un equipo de gente profesional calificada y preparada para la aventura que en este artículo describiremos.

El viaje: Impresionante aventura
quedamos de vernos en el mirador, el grupo llegaría de Huásabas donde había pernoctado en tiendas de campaña junto al río; nosotros habíamos madrugado desde Hermosillo calculando llegar a las puras nueve de la mañana. Era verano y ese día también se celebraban las fiestas patronales de Huásabas y de Bacerac. Nuestra Sra. de la Asunción. Al lugar también estaba citado un compañero impulsor de turismo de Huachinera, Jesús Manuel Castillo. El grupo de aventureros jóvenes, preparados con mochilas y arneses de alpinismo y rappel estaba conformado por hombres y mujeres coordinados por Sergio Alvaro Quiróz organizador director de la empresa EcoRides Outdoors, pionero de turismo de aventura que poco a poco define su oferta de servicios para quienes quieren conocer Sonora. En el grupo también estaba incluido un médico urgenciólogo, Dr. Gabriel Fuentes Santa Cruz.
La bajada entre las piedras
Desde el nivel de la carretera, los excursionistas pudieron bajar arrastrando mochilas y cuerdas por entre las piedras. Ni huellas dejaron porque la roca dura no tiene ni polvo encima y poco a poco se va perdiendo entre los matorrales que en parte se cierran dejando el arroyo sombreado, pero a la vez prácticamente desaparecido del mapa. La bajada es lenta mientras se ayudan unos a otros a pasar bolsas con el lonche y equipo de sobrevivencia, incluida una maleta médica con primeros auxilios. Colgados y dirigidos por Quiroz y su “team” los exploradores reciben instrucciones para descolgarse con las cuerdas, arneses, argollas y fierros que facilitan el descenso alivianando como si usaran poleas, los pesos de gente y mochilas. Celulares funcionaron solamente como camaritas o cronómetros y algunas cámaras de fotografía y una de video fueron parte de este recorrido que duró todo el día. Por supuesto, la dotación de agua cuidadosamente administrada y la preparación de lonche también fueron temas entretenidos para quienes salían por primera vez y se habían equipado hasta con mini estufas de butano.

Bajadas estrechas, paredes de colores, charcos o tinajas de agua cristalina y también lamosa llena de insectos, grietas húmedas, otro clima, diferente luz, extraña vegetación y animales nunca vistos formaron parte de las emociones de todo un día en el interior de la barranca de la Cruz del Diablo, municipio de Huásabas.

La propiedad es ejidal y en más de una ocasión se ha hablado de proyectos como el establecimiento de un restaurante allá arriba, de un mirador al otro lado de la barranca con un paso por canastilla, poleas y cables, o lo que ahora los alpinistas llaman una tirolesa para rodar con rondanas de un extremo a otro. Lo cierto es que por ahora este viaje fue tema de estudio a fin de establecer la mejor época, el óptimo equipamiento y la documentación científica y gráfica para compartir próximamente con otros grupos de exploradores esta y otras bellezas naturales de Sonora.